La alteridad de lo propio

La bella y la bestia

Del aislamiento a la integración del existir: un camino de encuentro personal.

“Soy totalmente solo; así, pues, el ser en mí, el hecho de que existo, mi existir, es lo que constituye el elemento absolutamente intransitivo, algo sin intencionalidad ni relación. Todo se puede intercambiar entre los seres salvo el existir.”

Emmanuel Lévinas, Etica e infinito, Madrid, A. Machado Libros S.A., 2000.

De este modo Lévinas abre las puertas a un solipsismo existencial, pues no hay ninguna relación que afecte nuestro existir salvo la relación más íntima: nosotros con el existir.  Desde este seno existencial se abren posibilidades a otras relaciones a través de nuestra conciencia ordinaria, éstas son vías de salirse del ser y no implican necesariamente escapar de la soledad.

En primer lugar Lévinas nos habla del conocimiento como vía de salirse de sí, en lo que sería la relación con el mundo y nuestro alcance hacia lo que llama “alimentos”.  Ésta, sin embargo, no es más que una salida voraz hacia un encuentro que nunca es alcanzado, es una vía que únicamente engaña a la soledad.  El conocimiento es siempre en relación a nuestro ser, es “una relación con lo que igualamos y englobamos, con aquellos cuya alteridad suspendemos”, es decir, es una salida totalmente ilusoria.  Pienso en la cita del Talmud que dice: “No ves las cosas como ellas son, sino como tú eres”.  Así, el conocimiento no nos lleva hacia una salida ni a un encuentro sino que es una adecuación, un alimento que pasa a residir en nuestra mente, que lo aloja y lo amolda, y del cual sólo una parte queda al alcance de nuestra conciencia ordinaria.  Ni siquiera “el conocimiento más audaz y lejano nos pone en comunión con lo verdaderamente otro; no reemplaza a la sociedad; es todavía y siempre una soledad.”  Por ello, el conocimiento no es suficiente, pero es catalizador, estimula movimientos internos y cambios que promueven el relacionamiento del yo con el existir y así purifica nuestra socialidad.  Buda dice “que la meditación sin conocimiento no es nada”, pero el conocimiento en sí tampoco es nada.  Podríamos decir que lo que realmente es, es la impronta, la sombra callada que queda en el ser y nos ayuda a acceder a la otra vía de salir de sí; la que es el verdadero camino de un encuentro, la salida desde el corazón, desde el amor a un otro.  Faltaría ahora hablar de los amores, o mejor aún, dejarse llevar por ellos, por una poesía (o por un día de campo.)

Carlos Svetogorsky
carlos@la-azotea.org